Trismus y dolor preauricular: ¿Cuándo sospechar de la ATM?

El laberinto del dolor orofacial

El paciente que acude a la consulta con limitación de la apertura bucal (trismus) y dolor en la zona preauricular representa un reto diagnóstico de primer orden. A menudo, estos síntomas se confunden con otitis, odontalgias de molares posteriores o incluso neuralgias. Sin embargo, la articulación temporomandibular (ATM) y su musculatura asociada suelen ser las verdaderas protagonistas de este cuadro clínico, que requiere un abordaje multidisciplinar.

Puntos clave para el diagnóstico diferencial

No todo dolor en la zona de la oreja es articular. Debemos ser sistemáticos en la exploración para no dar palos de ciego:

Palpación muscular vs. articular: Es vital diferenciar si el dolor es de origen miofascial (puntos gatillo en maseteros y temporales) o puramente intraarticular (sinovitis o capsulitis). El dolor articular suele ser muy localizado en el polo lateral del cóndilo, mientras que el muscular es más difuso e irradiado.

Ruidos articulares: Los chasquidos (clics) nos indican habitualmente un desplazamiento discal con reducción, mientras que los ruidos de crepitación (arena) sugieren procesos degenerativos como la artrosis.

Patrones de apertura: Una desviación de la línea media durante la apertura nos da pistas sobre qué lado de la ATM está bloqueado o presenta una hipomovilidad.

    El Trismus agudo: ¿Bloqueo mecánico o inflamatorio?

    Cuando un paciente no puede abrir la boca, la urgencia es determinar la causa. Un bloqueo mecánico súbito suele deberse a un desplazamiento del disco articular sin reducción (el disco «se queda delante» y frena al cóndilo). Por el contrario, un trismus inflamatorio puede ser secundario a una infección odontógena (como una pericoronaritis de un tercer molar, ¡aquí conectamos con el otro tema!), un espasmo muscular protector o incluso una complicación tras una anestesia troncular.

    Tratamiento: Del manejo conservador a la férula de descarga

    La gran mayoría de los trastornos temporomandibulares (TTM) responden positivamente a terapias no invasivas. El uso de férulas de estabilización (Michigan) correctamente ajustadas, junto con fisioterapia especializada y el control de los factores de estrés (bruxismo), constituye la primera línea de tratamiento. La cirugía de la ATM se reserva únicamente para casos muy específicos donde el manejo conservador ha fracasado y existe una patología estructural clara.

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